Posts etiquetados ‘catolica’

Hola a todos!!!

Hoy en día hay mucha polémica sobre la homosexualidad y la Iglesia católica, la mayoría cree que es un pecado y que está mal, pero en realidad la Iglesia nos pide otra cosa, nos dice que deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza y que se evite, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta (Catecismo de la Iglesia Católica N2358) es por eso que hoy les comparto este excelente video hecho por homosexuales católicos, espero que les ayude a comprender esta situación:

Fuente: http://catholic-link.com/2014/08/08/la-tercera-via-la-homosexualidad-y-la-iglesia-catolica/

Les mando un muy fuerte abrazo y que Dios me los bendiga a todos.

Atte: Semi. Borre

“Vive el día de hoy, como quieras ser recordado el día de mañana”

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Esto fue lo que provoco un buen cura en 15 minutos, imaginenese en 24 horas… Es por eso que he decidió compartir este post con todos ustedes, espero que les agrade al igual que a mí. NUESTROS PEQUEÑOS GESTOS, PUEDEN HACER GRANDES CAMBIOS EN LA VIDA:

Llueve a cántaros en Roma. Me apresuro a tomar el autobús que me lleva a casa. Entro. Detrás de mí entra un buen cura.

Ya en el paradero lo había visto conversando con una señora que le decía que el Papa actual está mejor que Benedicto XVI. ¿Cuántas veces le habrán dicho esto? – me pregunté. El buen cura responde amablemente y sin gestos de fastidio, y eso que llueve desaforadamente. Llegado nuestro autobús se despiden como viejos amigos. ¿Qué le habrá dicho?

Aunque el autobús no está lleno, el buen cura no se sienta. Yo sí. Lo miro. Bordea los cuarenta, ni alto ni bajo ni gordo ni flaco, tiene un andar bobo y va vestido de cura. Me mira. Lo dejo de mirar. Me incomodo. El autobús emprende marcha. Su rostro es sereno, casi casi propenso a la sonrisa, diría; lo ojos son fáciles de encontrar porque no anda ensimismado (por ello ahora lo miro sólo de reojo). Tampoco se sumerge en un celular ni en breviario alguno. Resumo su presencia con una palabra: disponibilidad. Empiezo a desgranar mi rosario.

Un turista americano y su familia le preguntan al buen cura en qué paradero deben bajar para llegar a Piazza Venezia. ¡Obvio! ¿A quién más le podían pedir información si todo el resto del autobús tiene cara de puñete? (¿Me debo incluir?) El sacerdote hace ademán de saber que el paradero está cerca pero duda. Voltea y me lo pregunta a mí.  “En la próximo parada” – le respondo a contrapié. El cura agradece y en un italiano masticado me dice:“Son cosas que ya debería saber”. Sonreimos. Me doy cuenta que es un buen curaamericano.

La conversación entre connacionales se prolonga por el lapso de pocos minutos y termina en despedida con besos y abrazos. Este cura me está llamando la atención; pero no sólo a mí, hay una familia de alemanes que no deja de mirarlo. ¡y el tipo no es guapo ni esbelto! Es sólo un buen cura. Inicia un nuevo dialogo con los alemanes, esta vez la temática parece religiosa. El cura explica. Yo no lo miro. Miro a la familia. ¡Están felices escuchando! En el grupo hay dos jóvenes de 15 años que no le quitan la mirada de encima. Me viene a la mente el pensamiento que tal vez esa sencilla situación pueda contribuir a la vocación sacerdotal de uno de ellos. Sólo Dios lo sabe.

Los alemanes se bajan conmigo y todos saludamos al buen cura a través de la ventana. Él me mira un poco sorprendido por la efusividad de mi saludo pero si fuese menos tímido lo hubiera abrazado. En 15 minutos ese cura no sólo hizo apostolado a medio autobús sino que también me renovó en mi vocación a la vida consagrada y a través de este post tal vez toque el corazón de muchas personas más. ¿Se imaginará todo el bien que hizo en ese cuarto de hora? ¿Será consciente del potencial que tienen 24 horas en su vida? ¡Qué lindo y qué imponente pensar en un ejército de buenos curas andando por ahí!… en los autobuses y metros de la existencia humana.

Me olvidé de mencionarlo, antes de bajar del autobús le tomé una mala foto y publiqué un Tweet (miren la expresión de la niña) Aquí van:

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FUENTE: http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=31456

Les mando un muy fuerte abrazo y que Dios me los bendiga a todos.

Atte: Semi. Borre

“Vive el día de hoy, como quieras ser recordado el día de mañana”

Buenos días a todos!!!

En mi primera clase de teología nos motivaron con un fragmento de la obra que les comparto a continuación, es una lectura que anima e invita a tener una fe apasionada, a tener un verdadero gozo en la vivencia de la fe, realmente me animo mucho esta obra y me identifico mucho con todo lo que dice y me arrastra a encender mi corazón y hacer que lata con una pasión llena de alegría y amor. espero que también les guste y sobre todo les encienda para vivir una fe increíblemente apasionada:

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Hace un montón de días que me persigue una pregunta de Jean Rostand: «Los que creen en Dios, ¿piensan en él tan apasionadamente como nosotros, que no creemos, pensamos en su ausencia?».

La cuestión me ha herido porque me parece exactísima: tampoco yo he entendido jamás que se pueda creer en Dios sin sentir entusiasmo por él. Y siempre me ha aterrado esa especie de «anemia espiritual» en la que, con frecuencia, se convierte la fe.

Y la fe puede ser un terremoto, no una siesta; un volcán, no una rutina; una herida, no una costra; una pasión, no un puro asentimiento. ¿Cómo se puede creer -de veras, de veras- que Dios nos ama y no ser feliz? ¿Cómo podemos pensar en Cristo sin que el corazón nos estalle?

Me enfurece la idea de que la gente de mundo crea con más apasionamiento en las cosas del mundo que los creyentes en las cosas de la fe. ¿Por qué un cura ha de vivir su ordenación con menos pasión o menos gozo del que sienten dos enamorados? ¿Cómo puede un teólogo hablar de Dios con menos entusiasmo que el esposo de la esposa o el padre de sus hijos? ¿Por qué los creyentes gozan menos en las iglesias que los espectadores en el cine? ¿Es, acaso, que Dios es más aburrido que la televisión?

¡Qué difícil es, sin embargo, encontrar creyentes rebosantes! ¡Y qué gusto cuando alguien te habla de su fe con los ojos brillantes, saliiéndose Cristo por la boca a borbotones!

Confieso que lo que más me molesta de un sermón es que sea aburrido. Y no por razones literarias, sino porque todo el que aburre cuando habla es que no siente lo que dice. Cuando, en cambio, me encuentro con un cura que a lo mejor habla mal y dice cosas poco novedosas, pero las dice con pasión, con gozo de decir lo que predica, entonces uno respira porque yo nunca podré aceptar la fe de alguien que no es feliz con ella. Si yo fuera profesor de un seminario me preocuparía menos de que los alumnos aprendiesen a hablar bien que de que hablasen sonriendo, no con sonrisas de esas que se ensayan delante de un espejo, sino con esas sonrisas que te salen del alma porque te gusta hablar a tu gente y, sobre todo, te encanta hablarles de tu fe.

Tal vez por eso tengo yo tanto cariño a una serie de escritores a los que el gozo de ser creyentes se les escapa en cada letra: Teresa de Jesús, entre los antiguos, o Merton o Van der Meer de Walcheren, entre los actuales.

Estoy estos días releyendo el Magnificat de este último -un escritor a quien en España nadie parece conocer- y me apasiona su apasionamiento. Tanto si habla del dolor como si escribe sobre la oración, chorrea un gozo profundo que «huele» a fe. A veces casi te hace sonreír porque escribe en su ancianidad como lo haría un adolescente en las primeras cartas a su novia. Pero qué maravilla oír decir a un cristiano cosas como éstas: «La vida, cuando se vive con Dios, es arrebatadora.» «Yo sé que nunca llegaré a saciarme de la Iglesia.» «Ser cristiano es conocerlo todo, comprenderlo todo y amar a todos los hombres.» Oírle definir la muerte del ser más querido para él como «una fiesta de dolorosa alegría» o escribir que «en cuaresma predomina la alegría, porque la alegría es el rasgo característico del cristiano redimido». O explicar que «Dios, frenético de amor, se hizo hombre». O comentar así este nuestro mundo enloquecido: «Estos tiempos que nos ha tocado vivir son muy agitados; agitados de manera espléndida. Nueva vida por todas partes.»

¡Qué rabia, en cambio, los que no cesan de hablar de los sacrificios que cuesta ser cristiano, de las privaciones que impone la fe! ¿Es que puede ser un «sacrificio» amar a alguien? Ya, ya sé que con frecuencia hay que tomar la cruz; pero si la cruz no llega a resultarnos fuente de felicidad, ¿cómo podremos decir que la creemos redentora? Imaginaos que un muchacho hiciera esta declaración de amor a su novia: «Yo sé que para vivir a tu lado tendrá que sacrificar muchas cosas, renunciar a muchos de mis gustos. Estaré contigo, pero quiero que llegues a apreciar el esfuerzo que eso me cuesta y lo bueno que soy haciendo tantos sacrificios por quererte.» Supongo que no tardaría medio minuto la muchacha en mandarle al cuerno. Y ésas suelen ser las declaraciones de amor que los creyentes le hacemos a Cristo: le amamos como haciéndole un favor y sintiéndonos geniales por el hecho de estar con él un rato en lugar de estar «divirtiéndonos» en otro lado. Un dios que aburriese, un dios que fuera una carga, un dios que no saciase, ¿qué dios sería? Y un amante que no encuentra la cima de la felicidad en estar con aquel a quien ama, ¿qué tipo de amante será?

Lilí Alvarez, en su Testamento espiritual, repite muchas veces que una de las cosas más olvidadas es el «carácter esencialmente fruitivo de la religión». Es exacto: la fe tiene que ser una fuente de goce. No del goce tonto que nos produce comer un helado o ver una película buena, sino ese otro gozo más hondo del equilibrio interior, que incluso puede ser compaginable con estar pasándolo fatalmente por fuera. Porque tenemos que vivir el dogma de la encarnación de manera total, sin escamotear las heridas que la encarnación llevó consigo. Pero ¡sin olvidar que también las heridas resucitaron!

Dejadme que os lo diga: me gusta ser cristiano, me encuentro muy feliz de serlo. También muy avergonzado de serlo tan mediocremente. Pero mi mediocridad -por grande que sea- es siempre muchísimo más pequeña que la misericordia y la alegría de Dios. Sí, es cierto, todas nuestras estupideces, todos nuestros dolores empañan tan poco a Dios como las manchas al sol. El está ahí, brillante, luminoso, seguro, feliz, encima de nosotros. A su luz es siempre primavera.

Autor: José Luis Martín Descalzo | Fuente: Razones para el amor

Les mando un muy fuerte abrazo y que Dios me los bendiga a todos.

Atte: Semi. Borre

“Vive el día de hoy, como quieras ser recordado el día de mañana”

2013-07-06 10.16.18

Ahora que estoy en México Df. me tope en el metrobus una publicidad sobre el aborto lo cual me entristeció mucho y me hizo reflexionar sobre la realidad  en la que vivimos, donde un perro callejero puede causar más lástima que la muerte de persona (no nacido), nos preocupamos por muchas cosas banales e incluso falsas y no vemos las necesidades reales de las personas que están a nuestro lado.  Es por eso que hoy quiero compartirles este vídeo sobre un movimiento llamado “Católicas por el derecho de decidir” al cual muchos amigos me han preguntado acerca de ellas ya que se dicen católicas. Espero que este vídeo logre aclarar sus dudas o sirva para informar acerca de la verdad sobre dicho movimiento y a la vez tomemos un poco de conciencia de nuestra Fe que nos invita a mirar a nuestros hermanos y ayudarlos, incluso aquellos hermanos que aún no han nacido y pueden no llegar a hacerlo.

Si quieres saber mas sobre el aborto y la postura de la Iglesia Catolica te recomiendo que visites esta pagina en la cual encontraras una gran cantidad de puntos interesantes sobre el aborto, a mi parecer es la pagina mas completa sobre el tema. http://www.aciprensa.com/aborto/index.html

Les mando un muy fuerte abrazo y que Dios me los bendiga a todos.

Atte: Semi. Borre

“Vive el día de hoy, como quieras ser recordado el día de mañana”

Buenos días a todos

Yo se que estuve ausente por un tiempo en mis publicaciones pero todo fue por finalizar mi etapa de filosofía la cual me exigió mucho tiempo y esfuerzo, pero gracias a Dios ya se vieron los frutos y ahora ya me graduó y continuo con mi formación ahora en Teología. por ello les comparto este vídeo que realizamos mi generación y yo como resumen de lo que fue para nosotros la etapa de filosofía, ojala y les agrade como a mi me agrado. esta es mi familia, esta es mi generación, ellos son mis hermanos…

les mando un fuertisimo abrazo a todos.

Buenos días a todos

La película “Una aventura extraordinaria” o en inglés “The life of Pi” me pareció genial por sus imágenes bellísimas y su historia tan increíble, pero salí con la sensación de reflexionarla a profundidad incluso leyendo la novela original de la cual se basó la película  Mi asombro a sido que no soy el único sino muchos conocidos y desconocidos que me han preguntado mi opinión al respecto, si es buena o  mala?, si la recomiendo, o no? para responder a esas preguntas uso un artículo que me encontré el cual concuerda con mucho de la reflexión que obtuve y que está iluminado por la teología y filosofía que vemos en el Seminario. Pido una disculpa si en algún momento no se comprenden las palabras o ideas que se manejan en este artículo el cual muestra una reflexión filosófica y teológica un poco compleja.

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Catholic-link.com – Life of Pi (Una aventura extraordinaria) es una película dirigida por Ang Lee, adaptada de la obra del mismo nombre escrita por Yann Martel en el año 2001. La cinta obtuvo en días pasados cuatro premios de la Academia, incluido el de Mejor Director, cosechando numerosos elogios de la crítica especializada. La película sigue bastante de cerca la novela de Martel, y buena parte de la trama gira en torno a la travesía de un joven indio ­–llamado Pi– luego de naufragar en el Pacífico. Compartirá la pequeña embarcación con una hiena, un chimpancé, una cebra y un tigre de Bengala. Como es previsible, la compañía se reducirá pronto al felino.

La cinta es visualmente espectacular, con un impresionante uso del 3D. La belleza y creatividad con la que se han plasmado algunas de las fantásticas escenas de la novela son cautivadoras. Dejando de lado, sin embargo, estos aspectos, y centrándonos en la trama, la historia ofrece elementos interesantes para el diálogo y la reflexión.

Hallamos una primera idea interesante en la brutal lección que el padre le ofrece al pequeño Pi cuando le hace observar la reacción del tigre –llamado Richard Parker– frente a un carnero. El tigre, hermoso e inspirador de confianza para el pequeño Pi, se convierte en una fiera que devora sin miramientos al pequeño animal. Será la misma lección que confirme Pi en los momentos finales de la película, cuando luego de la travesía juntos –experiencia que entre seres humanos generaría una fraterna camaradería–, Richard Parker se pierde en la jungla sin el más mínimo reparo. Lejos de la película proponer cualquier “humanización” de los animales, tan frecuente en nuestro tiempo (ver, por señalar un ejemplo, Caballo de guerra). La película comunica una profunda maravilla por la creación, pero lejos de confundirla con el hombre, que aparece como un ser único en medio del mundo.

Acerca de la experiencia humana la cinta destaca una dimensión fundamental, que nos introduce en un aspecto central de la historia. Pi aparece como una persona profundamente preocupada por lo religioso. Su búsqueda, incluso en contraposición del benevolente racionalismo expresado por su padre, lo lleva a abrazar tres religiones. No se pretende explorar qué propuesta religiosa es mejor, sino sencillamente dar atención a una dimensión innegable de la experiencia humana, que es la apertura que percibe a lo trascendente y, en última instancia, a Dios. Es precisamente en apertura a Dios que Pi encuentra fortaleza para enfrentar las dificultades que atraviesa. El naufragio, la pérdida de toda su familia, la supervivencia en una pequeña embarcación con un tigre hambriento como única compañía, terminan por probar la relación de Pi con Dios. Los obstáculos son ocasión de acercarse más a Él, y en medio de una tormenta espantosa, al borde de la muerte, Pi exclama un profundo reconocimiento de la grandeza de Dios.

No deja de ser cierto que todos nos encontramos, mientras dura nuestra vida, en una suerte de travesía o peregrinar. No siempre completamente solos, como Pi, pero sí como últimos y únicos responsables de nuestras acciones. Frente a las dificultades, en los momentos de duda o de crisis, el ejercicio de nuestra libertad, para bien o para mal, nos abre a Dios o nos cierra a su presencia. En este sentido,Life of Pi quiere ser una historia de esperanza y, en última instancia, de apertura a Dios.

A partir de esta última afirmación hay un aspecto de la película que invita a una reflexión ulterior y que no debe ser pasado por alto. Al inicio de la cinta un Pi adulto narra su fantástica aventura a un escritor, señalándole que su historia le hará creer en Dios. En un giro inesperado, ya en los minutos conclusivos, Pi ofrece una segunda versión de lo ocurrido, esta vez sin mención al tigre ni a otros animales, y llena de detalles crudos y brutales. Ambas historias dan igual cuenta de lo sucedido, y ninguna de las dos puede ser verificada. Frente a la pregunta “¿cual de las dos historias escoges?”, los interlocutores de Pi eligen la historia del tigre. “Y así es con Dios”, se apresura a resaltar Pi.

Este giro final, que aparece también en la novela, dificulta enormemente la comprensión de la historia. La religión no parece, entonces, ser otra cosa que una “preferencia por la mejor historia”, aquella llena de fantasía y símbolos atractivos. La segunda versión, la más cruda y descarnada, preferimos no verla, cuando curiosamente parecería ser la más descriptiva de la realidad que nos rodea. No deja de ser cierto que cada uno puede elegir la religión que encuentre mejor. Es, precisamente, un derecho fundamental el hacerlo. No es lo mismo, sin embargo, proponer una igualdad entre cada opción, y que da lo mismo seguir una u otra religión. En Life of Pi parecería que la existencia de Dios no tiene nada que ver con la fe y los hechos, no siendo más que una mejor historia que el racionalismo, el ateísmo o el agnosticismo.

Martel, el autor de la novela, señalaba que se consideraba religioso “en un sentido amplio”. Afirmaba, en una entrevista con ocasión de la publicación de su novela más famosa, que ésta trataba sobre “descubrir la vida a través de una perspectiva religiosa. La religión no niega la realidad, la explica”. En otra entrevista, sin embargo, afirmaba que la religión “es una interpretación de la realidad”, incluso llegando a equipararla con la fantasía, pero sin llegar a negar su autenticidad. Acerca de su obra, Martel señalaba que en Life of Pi la prueba de Dios no era racional, sino “existencial”, pero no parecía escapar de teñir esta experiencia “existencial” de un inherente subjetivismo. Difícil, como pretende Martel, conciliar todas estas afirmaciones, incluso sin caer en peregrinas discusiones acerca del sentido real de las palabras. En todo caso, con Life of Pi Martel apunta a que el lector supere una increencia inicial para abrirse a la posibilidad de una explicación que en un primer momento parecía fantástica. Esto es, para Martel, un mecanismo esencial en la apertura a lo religioso.

Sería desproporcionado aproximarse al contenido y forma de una obra de literatura, o de una película, como si fuese un texto de teología. Es cierto que el objetivo final puede ser valioso, pero también lo es que el modo de hacerlo es capaz minar la genuina intención del autor. Así, lo que en un principio parece una historia llena de esperanza en Dios, se puede convertir precisamente en un ataque contra las religiones. Estas no serían más que narrativas propias de la subjetividad, unas más bellas que otras, que cada uno elige según su conveniencia.

Desde esta perspectiva, e incluso respetando la intención de su autor, la crítica es válida, y puede llevar a una reflexión muy interesante acerca del carácter histórico de la fe en Cristo.El cristianismo no es sencillamente una mejor historia. La fe no se concibe como opción meramente subjetiva o según preferencias relativas. Es, sin duda, respuesta personal y en un sentido subjetiva, pero no subjetivista. La fe cristiana no es una mera interpretación de la realidad, sino reconocimiento de una presencia objetiva y real –un Dios personal y que se comunica– que da fundamento a toda nuestra existencia y a toda la creación.

Ante Life of Pi, como ante las religiones –e incluso ante otros aspectos de la existencia–, uno se puede pasar la vida cuestionándose cuál es la realidad, o qué prerrogativas posee en particular el cristianismo para afirmar su carácter verdadero sobre otras religiones. No es este el fin de la presente reflexión. Queda sí, para concluir, resaltar que la dificultad para comprender el sentido de Life of Pi –al menos el que parece haber querido su autor– radica precisamente en los presupuestos con los que presenta la experiencia religiosa. Decepcionante legado de una película por lo demás bella y sugerente, y sencilla advertencia de las consecuencias de señalar que todo puede ser relativo, afirmación que tiene como primera víctima a sí misma.

Kenneth Pierce

Es un joven teólogo peruano. Autor de los libros El Cuarto de los regalos y La Escalera Espiritual de San Pedro.

 http://catholic-link.com/2013/03/05/resena-y-advertencia-apostolica-sobre-el-film-the-life-of-pi/

Les mando un muy fuerte abrazo y que Dios me los bendiga a todos.

Atte: Semi. Borre

“Vive el día de hoy, como quieras ser recordado el día de mañana”

Buenos días a todos

Muchísima gente me ha preguntado por qué la Misa es aburrida, o que significa esta parte de la Misa. Estoy completamente seguro  que cuando descubramos el significado y sentido de cada parte de la Misa, cada vez que vayamos lo viviremos como una gran celebración, una fiesta donde comprobamos que Jesús sigue vivo en la Eucaristía. Por eso, quiero invitarte hoy a vivir la Eucaristía como un encuentro de amor con Cristo, quien sólo espera que tú también le ames, porque el amor sólo con amor se paga.

la secuencia de la misa

1. ENTRADA: Dios nos recibe personalmente en la Eucaristía, nos llama y nos une en comunidad con el simple y sencillo acto de la bendición.
“En el nombre del Padre”: Dios se nos presenta como papá, de él depende nuestra existencia, nos ama y se preocupa por nosotros como el mejor de los papás.
“… del Hijo”: Dios nos recuerda que por amor a nosotros se hizo hombre en Jesús, el Hijo, para hacernos hijos suyos, hermanos en Cristo y enseñarnos a vivir como hijos de Dios.  “… y del Espíritu Santo”: el Espíritu es la presencia permanente de Dios con nosotros, el fuego de su amor, que nos enseña, nos consuela y nos fortalece desde nuestro propio corazón.

2. ACTO DE CONTRICCIÓN: ¡SEÑOR TEN PIEDAD! Dios nos invita a comenzar nuestro encuentro con Él dejando en sus manos todo lo que nos aparta de su amor. Esto requiere de nosotros una actitud de humildad: reconocer que hay pensamientos, palabras y obras que obstaculizan nuestra relación con Dios, eso son los pecados. La Palabra de Dios y la enseñanza de la Iglesia nos ayudan a ver cuáles son esas situaciones; la humildad está también en dejarnos enseñar.

3. LAS LECTURAS: Limpios de corazón y en actitud de humildad podemos ahora escuchar la Palabra de Dios y dejarnos moldear por ella. Desde los tiempos antiguos del pueblo de Israel, Dios se ha manifestado al hombre por medio de la Palabra: en ella le ha mostrado su rostro, le ha enseñado a vivir, le ha dado esperanza con sus promesas, lo ha escogido y lo ha hecho su propiedad; más aún, ha despertado su fe y ha encendido la llama de su amor. En las lecturas y el salmo Dios mismo se hace presente y nos habla, despierta nuestra fe, reafirma nuestra esperanza y aviva nuestro amor; es su Palabra, mensaje de amor, que espera nuestra respuesta. Dios quiere conversar con nosotros, escuchemos primero lo que quiere decirnos para poder luego responder a su amor.

4. EL ALELUYA: Viene ahora un canto de gozo y de júbilo: “¡Aleluya! ¡Cristo vive, resucitó de entre los muertos! ¡Su victoria fue completa!”. Este canto prepara nuestro corazón para meditar la vida, obra y enseñanzas de Jesús, que vienen narradas a continuación en el Evangelio.

5. EL EVANGELIO: Es la lectura más importante de la Eucaristía, pues nos pone en contacto con la persona y la vida de Jesús. Aprendemos directamente de Él, del recuerdo de sus enseñanzas, de su vida y de sus obras. En el Evangelio Jesús nos muestra su rostro, como se lo mostró a sus discípulos y a todas las personas que lo conocieron en Galilea, donde vivió, nos habla y nos instruye personalmente. Si se lo permitimos, con su Palabra despertará nuestra fe, nos dará esperanza y encenderá nuestro amor. Por eso, antes de escuchar el Evangelio hacemos la Señal de la Cruz: sobre nuestra frente, para que el Evangelio (presencia de Jesús) santifique nuestro pensamiento y podamos comprenderlo; sobre nuestros labios, para que santifique nuestra palabra y podamos transmitirlo; y sobre nuestro corazón, para que santifique todo nuestro ser y vivamos como Cristo.

6. LA HOMILÍA: El sacerdote nos ayuda a comprender la Palabra de Dios, pues Dios mismo lo utiliza como mensajero de su amor. Él nos comparte, por su ministerio, lo que la comunidad de los creyentes (la Iglesia) ha comprendido de este mensaje y también nos transmite su experiencia personal. Dios suscita en medio de su pueblo pastores para guiarnos en nuestro camino espiritual y para explicarnos sus enseñanzas. Es Cristo mismo quien nos habla a través de quienes nos predican su Palabra.

7. LA PROFESIÓN DE FE: Una vez hemos escuchado las palabras de Jesús y reflexionado sobre ellas viene el Credo, es decir, la expresión de nuestro compromiso personal y comunitario con Dios Padre Creador, Dios Hijo Salvador y Dios Espíritu Santificador: Él se nos ha revelado en la Palabra y ha despertado nuestra fe, por eso, en el Credo profesamos la fe que nos motiva personalmente y que nos congrega en comunidad. El Credo es nuestra respuesta al amor de Dios que se nos ha manifestado primero, porque nuestra fe es la respuesta al encuentro con la persona de Cristo, que nos ha llamado, nos ha congregado y nos ha mostrado su rostro. Así como Jesús se encontraba con la gente, le predicaba el Evangelio o Buena Nueva y la gente comenzaba a creer en Él y a seguirlo, así Jesús nos muestra su rostro, nos llama,  nos habla y nos toca profundamente cada vez que leemos un trozo del Evangelio, despertando nuestra fe y moviéndonos a seguirlo. Además, el Credo precisa el contenido de nuestra fe, le da figura y rostro al Dios en quien creemos y a la Iglesia, fundada en la fe, de la cual hacemos parte.

8. LA ORACIÓN DE LOS FIELES: En el Credo hemos expresado y precisado nuestra fe personal y colectiva, por eso ahora, como comunidad de fe, nos dirigimos a Dios, elevando nuestras súplicas, pidiéndole por todas nuestras necesidades y pidiendo unos por otros. Nuestras súplicas, como nuestro acto de fe, son siempre, a la vez, personales y comunitarias.

9. EL OFERTORIO: Como Iglesia, unidos en una misma fe, en un mismo corazón, presentamos ahora la sencilla ofrenda que Dios mismo transformará en el cuerpo y la sangre de su Hijo Jesucristo. Pan y vino son fruto de nuestro trabajo personal y comunitario, y simbolizan las dimensiones más sencillas de nuestra vida diaria: nuestro trabajo, nuestro sustento y nuestra alegría. Con el pan y el vino va incluida la ofrenda de nuestra vida, de nuestro trabajo y de nuestro amor; nuestras penas, fatigas y alegrías van a ser recibidas por Dios de las manos del sacerdote y, como el pan y el vino, nuestro propio ser (cuerpo y alma) será también santificado y transformado con la presencia viva y real de Jesucristo Eucaristía. En este momento unámonos al sacerdote, entregándole a Dios nuestra vida, nuestra familia, nuestro trabajo, nuestra oración, nuestras penas y alegrías, nuestro cuerpo, nuestra alma, nuestra mente con todos sus pensamientos, nuestro corazón con todos sus sentimientos y deseos, nuestros labios y todas nuestras palabras, nuestros amigos y seres queridos, incluso los que no nos aman, en fin, toda la realidad humana material y espiritual de la que somos parte, para que toda esa realidad sea transformada por Cristo, sea santificada, sea cristificada; para que todos seamos hostias vivas, sagrarios de la presencia del Espíritu Santo; y para que el mundo entero sea un altar para la gloria de Cristo Jesús.

10.  CANTO DEL SANTO: Hemos hecho ofrenda del pan y del vino, de nosotros mismos y del mundo entero. Ahora esta ofrenda va a ser consagrada: la hostia se transformará en el cuerpo de Cristo y el vino en su Sangre. Por esa consagración, nosotros mismos seremos santificados y el mundo entero también. Nos unimos a los santos y a los ángeles, que contemplan y gozan ya del fruto de estos misterios, cantando a Dios: “Santo, santo, santo es el Señor, Dios del universo, llenos están los cielos y la tierra de su gloria. ¡Hosanna en el cielo! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en el cielo!” El cielo (los que ya gozan de la gloria de Dios) y la tierra (los que estamos de camino hacia la gloria) cantan la santidad de Dios, pues Él es el único verdaderamente santo y fuete de toda santidad.

11. CONSAGRACIÓN: En este momento, por el ministerio (por el encargo y el don) que el sacerdote ha recibido, el pan y el vino son transformados en el cuerpo y la sangre de Cristo. El sacerdote repite las palabras que Jesús pronunció en la última cena, con las cuales Él mismo dio gracias y bendijo el pan y el vino, haciéndolos su cuerpo y su sangre, para alimentar con su propio ser a sus apóstoles, y a través de ellos y de la sucesión de sacerdotes a todos los creyentes. La Eucaristía, cuerpo y sangre de Cristo, es el mayor regalo que hemos recibido de Dios: Él se ha quedado para siempre con nosotros en la persona de Cristo, Él mismo toma nuestra realidad y la transforma en su propio ser, para alimentar nuestra vida de fe. Sin este alimento espiritual, es decir, sin la comunión real con su cuerpo y su sangre, nuestra vida de fe sería árida y estéril, pura imitación exterior de Cristo, por nuestras propias fuerzas. Pero como Él nos alimenta con su propia vida en la Eucaristía, podemos vivir como Él, ser como Él, porque Él mismo, desde nuestro interior nos va transformando, nos va consagrando, va haciendo de nuestra vida una constante Eucaristía, sólo si nosotros le entregamos nuestro corazón y dejamos que su Espíritu actúe en nosotros.

12. EL PADRENUESTRO: Cristo se ha hecho presente en medio de nosotros, por él hemos sido hechos todos hermanos en el Espíritu, hijos de un mismo Padre. Por eso, ahora, juntos, podemos orar en compañía de Jesús al Padre, como el mismo Jesús nos enseñó. En este momento, oramos con Jesús, presente realmente, la oración al Padre: estamos unidos en oración Jesús, el Hijo Único, y nosotros, los hijos adoptivos.

13. CORDERO DE DIOS-MOMENTO DE LA PAZ: Reconocemos ahora que Jesús ha ofrecido su vida al Padre por nosotros en la Cruz, Él es el sacrificio vivo y santo que nos ha reconciliado para siempre con Dios. Por Él nos ha llegado la paz verdadera: la que da Dios y no la que da el mundo. La paz de Dios es la salvación eterna, el perdón de los pecados, el amor que es capaz de entregarse a sí mismo en sacrificio por aquellos que  ama. La paz del mundo es la ausencia de conflicto que le permite a cada uno vivir según sus deseos. La paz de Cristo nos saca de nosotros mismos y nos pone al servicio de los otros, mientras que la paz del mundo nos sumerge en nuestro propio egoísmo, en nuestros gustos y rutinas.

14. LA COMUNIÓN: Este momento es absolutamente maravilloso, recibimos a Jesús en la Eucaristía, su cuerpo, su sangre, su alma y su divinidad. Dios viene a vivir en nosotros como en su propia casa, viene a transformarnos y a fortalecernos desde nuestro interior. Como María en el momento en que recibió del Espíritu a Jesús en sus entrañas, así nosotros, en la comunión, quedamos fecundados por el Espíritu de Dios: realmente llevamos en nosotros a Cristo. Dios hace de su amor un acto: se nos entrega todo entero en la forma más sencilla y humilde (un trocito de pan) para que lo podamos recibir.

15. ACCIÓN DE GRACIAS: Después de un regalo tan grande ¿qué podemos hacer? Sólo abrir nuestros labios y nuestro corazón al agradecimiento. Tomar conciencia de lo que hemos recibido y hacer de nuestra vida acción de gracias, es decir, reflejo del amor de Dios que hemos recibido en Jesús Eucaristía. Él nos ha tocado, nos ha besado con su amor y sólo nos queda hacer de nuestra vida beso, caricia de amor a Jesús, mostrando su rostro en medio de nuestros hermanos. Agradecer a Dios significa vivir como vivió Jesús: sirviendo, amando, sanando, ayudando, enseñando, perdonando, entregando su vida por todos, sin excepción. Misión difícil, casi imposible, pero no estamos solos, Cristo vive en nosotros y lo que es imposible para los hombres es posible para Dios. La palabra misma dice lo que tenemos que hacer: Eucaristía viene del griego y significa acción de gracias.

16. BENDICIÓN FINAL: Con el encargo de dejar vivir en nosotros a Cristo y transmitirlo a los que nos rodean en acciones concretas de amor y servicio, somos enviados al mundo con la bendición de Dios, para que nuestra tarea sea efectiva y demos fruto abundante. Recibimos a Cristo Eucaristía para compartirlo con los que nos rodean. Hemos sido bendecidos para que seamos bendición para los demás; hemos entrado a la Eucaristía como harina y agua, y Dios ha hecho un pan que ha consagrado para sí. Ahora somos hostias consagradas: llevamos en nosotros la presencia de Jesús y tenemos la misión de reflejarla y transmitirla a los demás, para que todos seamos transformados. La palabra Misa lo resume todo: viene del latín y significa envío, es decir, los que recibimos a Jesús somos enviados a darle a conocer. El fruto de la Eucaristía es que todos seamos misioneros, es decir, que llevemos a Jesús a los demás.

Les mando un muy fuerte abrazo y que Dios me los bendiga a todos.

Atte: Semi. Borre

“Vive el día de hoy, como quieras ser recordado el día de mañana”